La travesía de Singapur para convertirse en un modelo de biodiversidad

Usted no lo sabría hoy, pero en 1965 Singapur era el paraíso de la contaminación: ríos cenagosos, canales contaminados y aguas negras sin tratar. Era un país en desarrollo, recién dividido de la vecina Malasia.

La increíble transición de Singapur, de un estanque contaminado a una potencia verde a nivel global, no fue automático ni fácil. El país tomó las lecciones de la historia y creó entre sus estudiantes una nueva generación de “ecoguerreros”. El motor detrás de esta idea es el servicio de parques nacionales de Singapur.

El Director de Grupo del Centro Nacional de Biodiversidad de la Junta de Parques Nacionales, Lim Liang Jim, compartió recientemente su visión del futuro de Singapur: un futuro dependiente de que sus estudiantes se vuelvan ecoactivistas y preserven los logros alcanzados desde los primeros días de la ciudad-estado.

“A partir de 1965, simplemente queríamos elevarnos por encima de la región en la que nos encontrábamos. El primer ministro Lee Kuan Yew tenía un plan. Mantenernos limpios y mantenernos ecológicos”. La generación pionera de la ciudad entendió que si se hace de una ciudad “un lugar agradable para vivir, entonces la gente vendrá e invertirá”.

Lee Kuan Yew a menudo fue llamado “Jardinero Jefe” por su creencia en el poder de las plantas y la biodiversidad para transformar el bienestar mental de las personas, así como los espacios físicos.

Como ciudad-estado, Singapur tenía el lujo de contar con un gobierno centralizado preocupado exclusivamente por cuidar el bienestar y el futuro de sus ciudadanos. La biodiversidad no era solo algo agradable, sino también indispensable para los singapurenses que querían quedarse en su tierra y construir su nuevo país desde cero.

El Centro Nacional de Biodiversidad, por ejemplo, recientemente desarrolló una aplicación de alta tecnología llamada SGBioAtlas. Esto permite que todas las personas tomen una foto de una planta, pájaro o animal. La aplicación genera una etiqueta con la ubicación de la especie y la carga en su base de datos central. Es así como a través de sus teléfonos inteligentes, tanto los estudiantes como los ciudadanos comunes se convierten en ciudadanos científicos al instante.

Hoy, si usted camina por Singapur, no verá ríos malolientes y contaminados, sino plantas que literalmente se arrastran hasta la punta de los rascacielos, un jardín o parque en prácticamente todos los rincones de la ciudad y equipos de voluntarios que recorren la isla cuidando de la vida silvestre.

“En la década de 1960, Singapur era como cualquier otro país en desarrollo: sucio y contaminado, carente de saneamiento adecuado y desempleo. Estos desafíos fueron particularmente agudos, dadas nuestras limitaciones como un pequeño estado insular con recursos limitados; ni siquiera teníamos suficiente agua potable”, relata Masagos Zulkifli, Ministro de Medio Ambiente y Recursos Hídricos de Singapur, en su reciente discurso de lanzamiento de las Perspectivas del Medio Ambiente Mundial (GEO6).

Con la independencia llegó el impulso de industrializarse lo más rápido posible. Según el ministro Zulkifli, “una de las transformaciones de Singapur implicó la limpieza del río Singapur, que fue literalmente una alcantarilla abierta en los años 60 y 70. La limpieza llevó diez años e involucró a miles de habitantes de Singapur que se mudaban de las granjas, fábricas y puestos de comida callejera que contaminaban la cuenca del río. La limpieza exitosa también puso en marcha un proceso para crear una reserva en el corazón de la ciudad”.

Entonces, ¿cómo lograron convertirse en una economía avanzada y preservar su medio ambiente al mismo tiempo? Como ha sucedido en muchos países, el pensamiento a corto plazo ha priorizado el desarrollo económico por encima del medio ambiente. Se necesitaba un cambio de mentalidad, dijo el ministro Zulkifli. “Nuestro enfoque ha sido construir una ciudad habitable y sostenible, a través de una política pragmática basada en sólidos principios económicos y científicos; un enfoque en la planificación a largo plazo y la implementación efectiva; y la capacidad de movilizar el apoyo popular para el bien común”. El mensaje era claro: si Singapur podría transformarse de un estanque contaminado a una potencia verde, también lo podía hacer cualquier ciudad.

Durante treinta años, la ciudad-estado limpió concienzudamente sus áreas contaminadas, creó agencias como la Junta de Parques Nacionales y determinó que, en todas partes donde se mirara, se podría encontrar vegetación. Revolucionó el concepto de selva de concreto.

Contemplando la planificación urbana, los incentivos políticos, la zonificación y las campañas de concienciación pública, los sucesivos gobiernos de Singapur siguieron esta visión central para su nación. Ahora la llaman la “ciudad en un jardín”, un jardín que necesita del cuidado de todos los ciudadanos.

Puede seguir leyendo en ONU Medio Ambiente

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