Los gases contaminantes que nadie suma

En 2011, los investigadores Abdulla Fayez y Al Ghazzawi ZD apuntaron el dedo a un boquete de gases que contribuyen al cambio climático que pocos habían volteado a mirar. Ambos midieron el tipo de gases que emitían las plantas de tratamiento de aguas residuales (PTAR) de Jordania.

La lógica detrás de su investigación era sencilla: en las plantas de tratamiento, en enormes piscinas o lodos, millones y millones de bacterias se tragan el material orgánico de las aguas. Pero, como en todo proceso digestivo, las bacterias emiten desechos, que en su caso son gases como dióxido de carbono (CO2), metano y óxido nitroso. Estos gases son, a su vez, los peores dolores de cabeza a la hora de frenar el cambio climático.

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La investigación de los jordanos dejó un dato que pocos conocen: que el 5 % de los gases que contribuyen al cambio climático provienen de las plantas de tratamiento. Y lo que es peor: entre el 8 y el 11 % de todo el metano —un gas 37 veces más potente que el CO2— que emitimos cada año a la atmósfera proviene de las plantas de tratamiento de aguas residuales de todo el mundo.

Diana Cristancho, docente de ingeniería ambiental de la Universidad Central de Bogotá, dice que cuando empezó a buscar literatura sobre el tema en el país no encontró nada. Por eso, ella y un grupo de estudiantes de doctorado decidieron hacer la primera medición de este tipo en Colombia.

Eligieron la cuenca del río Bogotá, una de las más contaminadas del país. Pero no se quedaron en la evaluación del aire: también querían saber qué tan útiles son las plantas de tratamiento de aguas residuales de esta cuenca, sobre la cual pesa una orden judicial para descontaminarla.

Primero, obviamente, necesitaban los datos sobre cuántas PTAR existen sobre el río. Ahí empezaron las dificultades. Durante meses se quedaron esperando los datos de los entes de control de 33 municipios, excluyendo Bogotá.

“Bogotá decidimos trabajarla aparte, en una segunda fase del proyecto, por la magnitud de información y el volumen de tratamiento que tiene la ciudad”, explica Cristancho.

Tras una larga espera, al final pudieron concluir que de las 63 plantas de tratamiento que existen sobre la cuenca, “23 están en operación, 30 están en procesos de optimización, seis están en construcción y cuatro no están operando”. Cuando escarbaron aún más en los datos disponibles, se dieron cuenta de que solo 28 plantas de tratamiento (las 23 en operaciones y cinco en optimizaciones) tenían suficiente información para realizar las ecuaciones y análisis que ellos se habían propuesto.

Cuando empezaron a analizar el funcionamiento de cada planta se encontraron con que apenas diez están cumpliendo las normas para remover contaminantes del agua. Al revisar por qué se dieron cuenta de que “la mayoría están completamente rebosadas, pues fueron diseñadas con el caudal que tenían cuando hicieron la contratación para construirlas, lo que hace que con el tiempo queden cojas frente al incremento poblacional”, explica Cristancho.

Luego, los investigadores decidieron evaluar el método que cada planta usaba para ello. Una planta de tratamiento puede funcionar con tres tipos de tecnologías: unas requieren oxígeno, como los lodos activados; otras que no lo requieren, como las lagunas anaerobias, y otras técnicas mixtas.

Así, encontraron que, de todos los gases emitidos por las PTAR del río Bogotá, el 55 % son dióxido de carbono, el 23 % clorofluorocarbonos, el 16 % metano y el 6 % dióxido de nitrógeno.

Cuando miraron con lupa de qué planta salía cada uno de estos gases, descubrieron que los tratamientos anaerobios son los menos efectivos, pues son los que más generan metano, un gas que es 37 veces más potente que el dióxido de carbono al aumentar las temperaturas globales.

Este tipo de investigaciones son fundamentales, pues justo en este momento, los 45 municipios de la cuenca del río Bogotá están obligados a construir o modernizar sus PTAR debido al fallo que ordenó descontaminar el río.

Por ahora, Cristancho y sus estudiantes tienen la mirada puesta sobre la Planta de Tratamiento Salitre, en Bogotá, a la cual le harán todos estos análisis. Pero además esperan calcular cuántos de los gases de efecto invernadero de Bogotá son causados por esta planta.

El Espectador

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