El consumo de carbón en EEUU cae a su nivel más bajo en 35 años

A pesar del apoyo político de la Casa Blanca, el consumo de carbón en Estados Unidos continúa cayendo, ya que el sector eléctrico sigue cerrando centrales de carbón en favor del gas natural, más barato y flexible, y de las energías solar y eólica. El consumo de carbón de los productores de energía eléctrica cayó a 298 millones de toneladas en el primer semestre de 2018, por debajo de los 312 millones en el mismo período de 2017, ligeramente por debajo de 2016, y el más bajo desde 1983.

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Los productores de energía de EEUU generaron casi un 6% menos de electricidad a partir del carbón en la primera mitad del año, incluso cuando la generación total aumentó casi un 5% y la generación de gas aumentó un 17%.

La generación de carbón disminuyó en 32.000 GWh en los primeros seis meses, mientras que la generación de gas aumentó en 89.000 millones, la nuclear en 16.000 millones, la solar en 7.000 millones y la eólica en 15.000 millones.

Los generadores continuaron cerrando centrales de carbón, quedando la capacidad de generación a carbón reducida a 246 gigavatios a finales de junio de 2018, frente a los 262 gigavatios que había en junio de 2017 y los 273 gigavatios en junio de 2016. Además, la utilización de la capacidad en las restantes centrales de carbón fue igual o inferior a los niveles del año anterior en seis de los siete primeros meses de 2018, según el “Electric Power Monthly” de septiembre de la Energy Information Administration (EIA).

Otros 9 gigavatios de capacidad de generación a carbón están programados para cerrar antes de finales de 2020, por lo que es poco probable que el consumo de carbón aumente y probablemente continúe disminuyendo en los próximos años.

La mayoría de las centrales eléctricas de carbón que todavía están en operación se pusieron en funcionamiento en los años setenta y ochenta, cuando los crecientes precios del petróleo provocaron un cambio hacia la generación a carbón. La mayoría tienen ahora entre 35 y 50 años y, como resultado de la corrosión y la fatiga, necesitar sustituir los generadores de vapor y otros grandes y costosos equipos.

Las centrales eléctricas que envejecen también sufren los crecientes costes de operación y mantenimiento, el aumento de los cortes de energía y la disminución de la fiabilidad y eficiencia térmica. Adaptarlos para que cumplan con los controles de contaminación más estrictos se suma a la carga financiera de mantenerlos en servicio, aunque en muchos casos no es la razón principal por la que luchan por competir.

Por el contrario, las unidades a gas son más rápidas y económicas de construir, contaminan menos y pueden iniciarse y reducirse rápidamente, por lo que son más flexibles y se adaptan mejor a los cambios diarios en el consumo de energía. En definitiva, la tecnología y la economía, más que las regulaciones gubernamentales, son las que están impulsando el cambio del carbón hacia la generación a gas.

Menos cuota

Las centrales eléctricas de carbón llevan más de 30 años perdiendo cuota de mercado, habiendo caído su participación en la generación total desde un máximo del 57% en 1988 a solo un 30% en 2017. El principal competidor ha sido el gas, que ha visto aumentar su participación en la generación del 10% en 1988 al 32% en 2017.

Hasta 2007, el crecimiento general en el consumo de electricidad permitió que la generación a carbón y a gas aumentara en términos absolutos, incluso cuando el carbón entró en declive relativo. Desde entonces, la demanda de energía se ha reducido, mientras que la generación a gas ha seguido creciendo, lo que garantiza que la generación de electricidad a partir del carbón haya disminuido constantemente en términos absolutos y relativos.

La revolución del shale ha arraigado el paso del carbón al gas al hacer que el suministro de gas sea abundante y mantener los precios bajos y relativamente estables. La mayor ventaja del carbón sobre el gas fue, tradicionalmente, su menor precio y volatilidad, pero la caída en los precios del gas y la creciente eficiencia de los ciclos combinados han eliminado incluso este beneficio.

A medida que disminuya la capacidad restante de las centrales eléctricas de carbón, el consumo de carbón continuará a la baja a medio plazo. A menos que el gobierno federal intervenga para garantizar el funcionamiento de las centrales eléctricas de carbón, aun siendo más caras que el gas natural, la tendencia a la baja del consumo de carbón continuará.

El Periódico de la Energía

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