La estrategia de Guatemala para impedir que sus desechos lleguen al mar

Si no puedes con tu enemigo, entonces, únetele. Siguiendo ese consejo, técnicos del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales de Guatemala (Marn) crearon las biobardas. Una especie de barrera hecha de mallas, botellas de plástico y lazos para contener los desechos que viajan por sus ríos para luego desembocar al mar Caribe. Esa fue la solución que encontraron para un problema que se estaba tornando crisis diplomática.

La historia comienza hace tres años, cuando autoridades de Honduras, su país vecino, les reclamó las toneladas de basura que estaba arrastrando el río Motagua a la altura de la frontera que ambos comparten. Esa es la última parada de este afluente antes de llegar al océano. Nadie sabía qué hacer para combatir la contaminación que, después de recorrer más de 90 municipios guatemaltecos, se asomaba hecho una cloaca, infestado de desechos sólidos y aguas negras.

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Ante la urgencia, el presidente de Guatemala Jimmy Morales les ordenó a sus científicos encontrar una cura. Así apareció la idea de la biobarda, inspirada en una barrera artesanal hecha en la ciudad de Amatitlán, en el sur del país. Esa fue la base para que los técnicos del Marn instalaran la primera en una aldea llamada Quetzalito, ubicada justo antes de la desembocadura del Motagua. Resultó un éxito. 

En efecto, la barrera que se extiende hasta por 31 metros de largo fue replicada en otras regiones del país. Eso sí, por iniciativa de las mismas comunidades que han aprendido a hacer las propias e instalarlas. El procedimiento, como lo describe la cartera en un folleto en línea, luce fácil.

“Consiste en colocar filas de botellas colocadas en forma circular, debiendo dejar en el centro, de manera alterna, una botella llena de agua o arena, perfectamente cerrada, para estabilizar la barda. Estas filas de botellas se colocan en el centro de la malla, la cual se va cerrando con el lazo, con un amarre parecido a la puntada de diente de perro. Las filas de botellas se organizan, colocándolas boquillas con boquillas; siguiente fila, fondo con fondo”.

Eso es lo que se ha replicado, hasta mediados del año pasado, en nueve sitios guatemaltecos, ubicados a orillas de un río. Tanta ha sido su difusión, de hecho, que otros países se han copiado de la idea para instalar biobardas, apoyados por capacitaciones de los técnicos que se la ingeniaron. Este es el caso de Honduras, Panamá y República Dominicana.

El Espectador

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